Bob Dylan en Ávila

O de cómo un despropósito acaba resultando controvertido.

Todos sabemos que los conciertos en Gredos son harto controvertidos. Cómo si de una estúpida pseudo-pregunta filosófica ―a modo de qué fue antes, el huevo o la gallina― surge el debate de si es o no un crimen ecológico organizar un concierto en medio de la naturaleza. A priori cualquiera diría ―a juzgar por el ambiente― que por el hecho de traer a gente ‘grande’ se minimiza el ‘hipotético’ daño y destrozo…

Sí, yo soy uno de esos que fue a ver a Bob Dylan… mea culpa. Mi decisión responde a una de esas increíbles paradojas de la vida: la antítesis de lo que es y ha sido Dylan a lo largo de la historia, aquello contra lo que siempre ha cantado, aquello que no es, aquello que jamás entenderá sus letras, aquello que jamás lo conoció… es, a su vez ―por inverosímil que parezca― lo que coloca al genio cantando en nuestro Gredos… no doy crédito.

¿Dylan… en Ávila…? Bien podría pasar por un largometraje de Buñuel, sinceramente. Si el objetivo es recrearse gozosamente en el arte, darse un buen baño de poesía anglosajona e historia de la música aún palpitante… ¿por qué no hacerlo al 100%?, puestos a traer a Dylan… ¿no creen? Probablemente la actuación de este señor ha sido uno de los acontecimientos músico-culturales más relevantes de la historia de nuestra provincia... sí, piénsenlo detenidamente… es como traer a Elvis o los Beatles a territorio abulaui. La Historia de la Música es lo que es, y como tal, no se puede obviar; el señor Zimmerman es a todas luces un engranaje crucial en el cambio musical del siglo XX y, por si fuera poco, está vivo y pasó por aquí.

Surge una pregunta crucial… ¿cuál es el verdadero objetivo de traer tamaño personaje… algo de índole cultural… o más bien de índole sórdido-empresarial? Supongo que si la presencia de Dylan en tierras abulauis fuera de carácter cuasi filantrópico ―por parte de nuestras instituciones― el grupo Amaral no habría sido necesario en el cartel ya que, como muy bien constató Eva ―cantante de Amaral―: Dylan es el Maestro, su concierto habría marcado un hito en la historia de nuestra provincia per se.

Así, ¿por qué traer a Amaral? Pienso que la mencionada cifra de 11.000 espectadores no se habría alcanzado ni de lejos. Se suponía que Amaral tocaría primero… lo hizo después, lógicamente; de no haber sido así, el concierto de Dylan habría tenido menos espectadores casi con total seguridad. Esta es una afirmación un poco absurda si no la corroboro con algún argumento, lo sé. Es cierto que vino mucha gente a ver a Dylan, había mucho fan del maestro, no lo pongo en duda; con todo, es evidente que en general por nuestras tierras no somos muy consumidores del pasado musical anglosajón, entre otras cosas por la falta de habilidad  generalizada en materia de comprensión de la lengua. El público estuvo entregado con Dylan, que no quepa duda, pero con Amaral hubo euforia, como era de suponer. De modo que a mi Amaral se me antoja como el gancho, y Dylan la solemnidad del acontecimiento… histórico.

El acontecimiento se intenta vender como un acto de comunión con la naturaleza y sí… digo bien, se ‘intenta vender’. Solo puedo interpretar que aquello se trató de un negocio, no puedo sacar otra conclusión, que me disculpe quien se sienta ofendido. El recinto era una autentica escombrera; basura por todas partes; la gente, todos los que asistimos, no es que seamos mal educados o despreocupados, es que somos unos auténticos cerdos ―con todas las letras―, unos guarros, unos mierdas, una panda de descerebrados que lo que hacemos en las cochiqueras que usamos por casas tenemos a bien hacerlo en pleno Gredos… ‘tanto que lo queremos’. Con la cantidad de contenedores que había repartidos por todas partes, habría sido tarea harto difícil contar el número de envases de plástico y cartón que se encontraban por el suelo. Una vergüenza.

Resulta gracioso que el acontecimiento se venda como un acto de comunión con la naturaleza y que, incluso, se emita un video en las pantallas de la instalación con el objetivo de sensibilizar a la piara en relación al uso que se debiera dar a todo envase en el recinto. Sí, es cierto, contenedores no faltaron, lo que sobraron fueron cerdos. Ya se sabe, en general en España, una vez alcanzada la borrachera… ‘adiós muy buenas’, justificada queda la falta de civismo ―incluso si estás en Gredos―. El concierto, efectivamente, se llevó a cabo en un paraje inigualable por lo agradable y bello del lugar; si los asistentes hubiéramos sido personas limpias y respetuosas, me hubiera parecido un acto incluso encomiable… pero al llenarlo de gente normal ―de esa que una vez borracha le resulta lo mismo estar sobre hierba en Gredos que en el tugurio más cochambroso de la ciudad―… permítanme dudarlo. Tremebundo comportamiento.

¿Hubo equipo de limpieza para despejar la zona? No lo dudo, ¡faltaría más! Con todo, se sabe que una sola colilla de cigarrillo contamina una superficie de terreno cercana al metro cuadrado debido a la fibra de vidrio de su filtro (amén de otros químicos que componen el invento). Cabe preguntarse, ¿se habrán recogido las miles y miles de colillas que hubo en el lugar? Hubo 11.000 espectadores, de los cuales miles fumaron cigarrillos cuyas colillas ‘lógicamente’ fueron a parar al césped; al parecer cerca de 2.000 personas vieron el concierto detrás del recinto, en un pinar no habilitado a tal efecto… ¿se limpió también esa zona no habilitada? Y de ahí en adelante.

Como digo, en mi opinión Dylan en Ávila es probablemente el acontecimiento musical más relevante de la historia de los conciertos celebrados en nuestra provincia ―repito, no es más que una consideración personal― y, sin embargo, los espectadores no hemos estado a la altura de las circunstancias. Pienso que los organizadores han sido demasiado benévolos ―¿deliberadamente crédulos quizá?― considerando al potencial público como suficientemente responsable. Es increíble que se someta a un paraje tan querido por nosotros a tamaña tensión y suciedad. Infelizmente con el paso de los años he ido descubriendo que en relación a ciertos círculos y asuntos, la máxima de ‘piensa mal y acertarás’ viene siempre a clarificar la turbia lógica de la caterva humana… este caso no tiene por qué ser la excepción.

Improvisados puestos de venta preparaban bocadillos a 6€ ―mil pesetas― en condiciones sanitarias de maldita vergüenza, ¿cómo es posible que sucedan cosas así sin un control?; ¿Por qué meter a Dylan en Hoyos del Espino?, ¿es que acaso no podríamos haberlo traído a la capital?, ¿no podríamos haber improvisado mejor infraestructura aquí?, ¿no será mejor meter a la piara en un recinto asfaltado? Podría ser un acontecimiento bellísimo, no  lo dudo, pero no olvidemos que para ello, los espectadores también deben estar a la altura de las circunstancias y, no me cansaré de decirlo, aquello ―el paraje― quedó como una auténtica escombrera. ¿Qué tiene Hoyos del Espino que no tenga Ávila capital para albergar espectáculos de músicos tan importantes? Supongo que gentes dispuestas a sacrificar la naturaleza e integridad del paraje en aras de hacer negocio ―los puestos de bocadillos que había tras el concierto eran literalmente lamentables; el único sitio meridianamente decente que se había habilitado a tal efecto era una carpa situada más arriba―.

Muy bueno el trabajo de la Guardia Civil y de Protección Civil, tanto la entrada como la salida del lugar ―por naturaleza no diseñado para albergar tal cantidad de tráfico puntual― fueron agradablemente fluidas; jamás hubiera esperado esa efectividad dada la inusual afluencia de vehículos, mi más sincera enhorabuena.

Por último puntualizar algún detalle con respecto al señor Bob Dylan. He escuchado en los medios ―y en general a las gentes― quejas sobre la decisión del maestro de no hacer declaraciones y de no ser grabado. Parece que molestó bastante el hecho de que las pantallas ‘gigantes’ instaladas a los laterales de la estructura del concierto no fueran usadas. Hasta donde yo sé, no es nada nuevo, Dylan no divulga su imagen desde siempre, lo hace en la medida en que sea necesario y en su justa medida.

En relación al hecho de que nadie fuera capaz de identificar las canciones que cantaba por haberlas modificado… tampoco es nada nuevo, una de las características de Dylan es precisamente no enlatar sus composiciones y así, con el paso de los años, cada composición sufre multitud de metamorfosis y lavados de cara; es algo que lleva siendo así desde los años 60. Prueba de ello la dejo por aquí, en elAbulaui.com.

Una de sus canciones míticas, ‘The Lonesome Death of Poor Hattie Carroll’, en la que se habla de cómo un acomodado niño rico dueño de una plantación de tabaco mata a la pobre Hattie Carroll ―una camarera de raza negra de 51 años de edad― a bastonazos por tardar en rellenar su vaso. Solo fue condenado a seis meses de prisión. (Basado en hechos reales)

Versión original:


 

 

La versión que escuchamos en Gredos… pone los pelos como escarpias… muy buena versión sin duda:


 

 

Dylan dio un concierto muy bueno… muy bueno… qué pena que nadie se percate de ello. Supongo que pertenecemos a mundos ―tierras― distintos. ¿Cómo es posible que con 67 años siga siendo tan grande? Sigue por delante incluso de nosotros, que nacimos décadas más tarde… ¡Grande Dylan!

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